Representación de los mitos griegos en la literatura romántica

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La mitología griega, de una manera u otra, siempre ha aparecido representada en la literatura, incluso corrientes que se estiman opuestas entre sí han coincidido en el recurso a sus personajes e historias.

Los escritores románticos, desde su rechazo al Neoclasicismo y a las reglas establecidas, reclaman la libertad del hombre, exaltan la figura del autor, fusionan la naturaleza con los sentimientos de su persona, y se dejan llevar por la atracción hacia lo sobrenatural, lo mágico, y lo inexplicable a través de las leyes de la lógica. No es de extrañar, por tanto, que acudan a los mismos mitos que se relataban en el movimiento anterior, mitos, que desde su concepción, tratan de dar una explicación al origen del hombre y de la propia naturaleza.

El matrimonio Shelley, constituye un buen ejemplo de autores románticos que retoman el empleo de la mitología clásica como el pilar sobre el que gravitan sus obras culmen. Percy Bysshe Shelley escribe Prometeo Liberado, drama lírico que vuelve sobre el mito de Prometeo, el titán que roba el fuego a los dioses para compartirlo con los humanos, ganándose así la condena al castigo eterno por parte de Zeus. El mismo mito también es explotado por su esposa, Mary Shelley, la célebre autora de Frankenstein o el moderno Prometeo, donde el protagonista intenta rivalizar con el poder de Dios en su empeño por crear vida, como una clase de Prometeo moderno, de ahí el subtítulo, que forma a los hombres con arcilla de la tierra —tal y como cuenta Ovidio en el libro I de la Metamorfosis—; en un sentido semejante —de conferir vida a lo inerte—, la obra de Mery Shelley encarna con el mito de Pigmalion, el rey que esculpe a la mujer ideal en mármol, y enamorado de su creación, logra que la diosa Afrodita la vuelva real.

En la literatura romántica no escasean los ejemplos mitológicos clásicos, sin alejarnos demasiado del matrimonio Shelley, encontramos a John Keats, amigo de la pareja, que poetiza el mito de Endimión, el pastor que enamoró a Selene, la luna, en su obra Endymion: un romance poético.

No obstante, ya en estos pocos ejemplos se aprecia el cambio con respecto al empleo anterior de los mitos; la pérdida de la armonía neoclásica se compensa con una nueva originalidad, un tratamiento moderno e individualizado de los personajes y las historias clásicas. Los autores románticos recaen así en la exaltación del hombre como ente único, con unas ideas y  unos sentimientos inimitables, que se alejan de los patrones establecidos.

Daudet y la literatura francesa

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Siempre ha sido y será un gusto leer literatura francesa, más si se trata de una obra de Daudet, que hace un buen tiempo no ha sido reeditada y que, gracias a la editorial Libros de la Ballena, llega nuevamente al público para la siguiente temporada.

La literatura francesa del siglo XIX se ha conocido por temáticas que giran en torno al romanticismo de la desilusión, ese ideal inalcanzable que se plantea y que espera que el alma se amplíe, donde los personajes quieren más de lo que el mundo puede darles, pero sobre todo porque van por sus sueños, pese a que esto implique romper con lo moralmente correcto y que la condición humana se vea en todo su esplendor. Y es justamente en este espacio que Alphonse Daudet, sin intenciones de crear un personaje femenino que tenga estas singularidades, sino que queriendo hacer una crítica a esos esbozos de mujer independiente que comienza a gestarse, da vida a Fanny Legrand.

La literatura de Daudet traza la realidad desde aspectos sociales e íntimos, da a conocer la vida en todo su esplendor, con cierta sutileza desvela críticas a la sociedad pero principalmente se vale del arte para mostrar que tanto los altos estamentos como los bajos buscan siempre que se les mencione, se les mienta, halague y festeje; Sapho al igual que otras de sus obras, presenta elementos de la provincia, tanto así que el personaje principal masculino es un estereotipo del hombre de este espacio: Jean, es quien traza la mentira no como algo que no es verdad o que es contrario a lo que se siente, piensa o vive, sino como un espejismo, pero pese a ello busca de manera alguna sortear lo establecido, queriendo cumplir con el ideal del personaje típico de esta literatura. Por su parte, el personaje femenino es la contraparte de ello, conoce la vida desde los instintos más bajos, sus verdades y mentiras, por ello se vale de su conocimiento, astucia e inteligencia para hacerle oposición a lo establecido en el momento como moral y socialmente correcto, buscando algo más de lo que el mundo puede ofrecerle y valiéndose todo aquello que posee para lograr su cometido, claro está una finalidad que rompe con los límites y estereotipos que encasillaban y aún hoy encasillan las mujeres, pero que con Fanny Legrand, poco a poco, se van desvaneciendo e inician una muestra de la independencia de la mujer.

Finalmente, y de manera muy general, en las obras de Daudet hay miseria, toques de decadencia y ambición que muestran lo trivial de la vida; también se presenta la sátira y el humor que, junto a lo anterior, hacen un retracto variado, con toques moralistas, pero principalmente fiel a la sociedad que lo rodeaba.

Safo. Costumbres parisinas

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Bienvenidos a Safo, ¡toda la lira!, el blog que os abre las puertas a una de las novedades editoriales de Libros de la Ballena: Safo. Costumbres parisinas (Alphonse Daudet), libro que será lanzado para la temporada primavera–verano junto con la antología Madres, putas y esposas, y la obra dramática La nona (Roberto Cossa).

Safo narra la historia de amor entre Jean Gaussin, un joven provinciano francés, que al llegar a París conoce a Fanny Legrand, una mujer mayor que él y con mucha más experiencia de la vida y el amor. Una historia que no solo atrapa a los protagonistas en una relación conflictiva por sus constantes contradicciones, sino que también envuelve al lector en un ambiente que le permitirá conocer las costumbres de la época.

Ahora, desde Libros de la Ballena, editorial del Máster de Edición de la Universidad Autónoma de Madrid, rescatamos este clásico de la literatura francesa, con el que el autor pretende advertir a sus hijos sobre los peligros de las relaciones amorosas y, especialmente, las sexuales que envolvían al París bohemio de su época.

Este libro cuenta con un prólogo escrito por Pilar Adón, Las razones del desamor, quien destaca a Safo como una historia pasional que se contempla en la actualidad como un ejemplo de libertad y hasta de justicia final.