Consejos de padres.

Safo fue una obra concebida como una novela de aprendizaje que el autor, Alphonse Daudet, escribió para aconsejar a sus hijos de no cometer los mismos errores que a él le llevaron a padecer y morir de sífilis.

Hoy en día los padres no solo advierten a sus hijos sobre las ETS, si no que a lo largo del tiempo se han ido dando y recibiendo diversas advertencias que, reales o no, están a la orden del día y se transmiten de generación en generación. Las hemos recibido todos, así que recordando a nuestros padres os dejamos con una lista de los 6 consejos o advertencias que nos han dicho alguna vez.

1. ¡No corras que te vas a caer!

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¿Quién no ha recibido alguna vez esta mítica advertencia? Tú, dulce niño/niña inocente, correteas por el jardín o el parque, los cordones desatados, la melena al aire… y tu madre, mujer sabia, sentada en un banco u observándote desde algún lado te grita, te advierte, te hace saber que si sigues así más tarde o más temprano te vas a caer. Tú, como niño/niña libre y desconfiado no le haces caso… ¿Y qué es lo que sucede?… Pues eso, todos hemos llorado.

2. Abrígate que hace frío.

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Para nuestras madres nunca iremos demasiado abrigados, asumámoslo. Nunca. Da igual que haya 15 grados y un sol sin nubes en la calle… Si no sales con gorro y guantes, vas poco abrigado.

3. No te tragues el chicle que se te queda para siempre en el estómago.icon_spacer-vflN3BYt2

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¿Tus padres no te lo han advertido? Pues a nosotros sí, y créenos, si fuera real nuestro estómago sería una comuna hippy en continua fiesta con tantos chicles de colores. ¿Os acordáis de los chicles bola?

4. Hay que hacer dos horas de digestión.

icon_spacer-vfln3byt24¿Cuántas horas nos hemos pasado mirando el agua de la piscina en verano? Esas dos largas horas de espera después de comer donde no piensas en nada más que en bañarte, zambullirte y arrugarte como una pasa en el agua fresca del mar, océano o la piscina.

5. Bébete el zumo antes de que se le vayan las vitaminas.

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En el momento en el que tu madre plantaba el zumo natural y recién exprimido en la mesa, la cuenta atrás comenzaba y te faltaba tiempo para coger aire entre trago y trago. Ahora sabemos que las vitaminas no salen corriendo del zumo, no desaparecen ni se atrofian, pero también sabemos que seremos padres y que se lo diremos a nuestros hijos.

6. Si te pega, le das una patada en los cataplines.

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Es el momento estrella. Todo padre ha aconsejado a su descendencia a afrontar los conflictos de frente y desde pequeños. Tú llegabas a casa y le contabas a tu padre que fulanito te había pegado, él, protector y guardián te mira a los ojos, serio y te lo dice:

La próxima vez, si te pega, le metes una patada en los cataplines.

Y tú, en un próximo conflicto, creyéndote espartano, practicas la ley suprema de tu padre.

París en el siglo XIX, el París de los artistas

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En el siglo XIX aparece en Francia, como revelación de una nueva sensibilidad en el modo de observar, la figura del “flâneur”. Esta supone un cambio en la relación del individuo con su espacio. Su deambular es uno nuevo, libre, como si la ciudad le fuera algo extraño. Su caminar se encuentra ahora en la esencia de un vagabundaje en ebriedad, como un paseo nebuloso sin recelo de la realidad.

Es el caminante opuesto al voyeur; como la práctica se opone a la teoría. El voyeur es quien posee el poder totalizador de la teoría, mientras que el caminante es quien practica estando inconscientemente perdido y hundido en la masa. Sin embargo, el “flâneur” no es un caminante cualquiera. Él es el caminante que, más allá de desenmascarar la alienación propia de las ciudades, entra en ella, desbaratando toda posibilidad de ilusión.
Los artistas de la época son los caminantes, y lo que recorren y aprehenden es París. El círculo Parisino alcanza un rol muy importante dentro de la literatura de esta época. Lo principal era mostrar el contraste entre la provincia y la ciudad de París. La ciudad es considerada, en ese momento, la capital del mundo y para los artistas vivir en París deviene un deseo universal. Es lo que ocurre en Safo, de Alphonse Daudet: una de las contradicciones a partir de las cuales se construye el relato es la llegada del protagonista, Jean Gaussin, desde la provincia a la ciudad. Sea lo que sea que se quiera lograr, el lugar para conseguirlo es París: una ambición artística, o de negocios; incluso el anhelo por las costumbres de vida parisina.

Los escritores franceses del siglo XIX dibujan París como si fuera un personaje de su relato; surge una ciudad que se camina y explora, por lo que aparece este flâneur, que se pasea con una mirada muy atenta en el espacio urbano. Y dentro de esta superficie por la que se pasea, está el París profundo, el que habitan Dechelette, Caoudal y La Gournerie, los artistas que conoce Jean en la novela. Ellos viven a fondo lo que ofrece la ciudad, sin tomar en cuenta consensos externos de lo que se podría valorar como bueno o malo; lo que la mirada provinciana podría llegar a juzgar. En París, las vida sucede, se desliza y avanza en distintas direcciones, funciona como un devenir constante que la provincia no parece entender. Y en ese sentido, París sería un espacio liso, mientras que la provincia sería el estanco. Todo esto quizás sea parte de la transformación que sufrió París en el siglo XIX: el paso de la ciudad antigua a una ciudad moderna diseñada por Haussmann. En un intento por transformar París en un paraíso es que también aparece el infierno, como una conjunción que cohabita sin muchas pugnas, y dentro de la cual los artistas encuentran su sitio.

Artistas de la época

 

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Terrase du café, Van Gogh

En Safo el ambiente bohemio de París es el telón de fondo por el que discurren una gran cantidad de ilustres artistas de la época. Desde el escultor Caoudal al poeta La Gournerie pasando por célebres pintores como Thomas Couture o Corot o el compositor De Potter. Todos ellos se mencionan desde las primeras páginas, en una fiesta en el estudio artístico de Déchelette, en la que se encuentran por primera vez los protagonistas Fanny Legrand y Jean. Es por eso que nos parece interesante hacer un recorrido por los artistas de la época en la que Daudet escribió la novela.

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Dressage des nouvelles par Valentin-le-Désoss, Henri Touluse-Lautrec

París, ciudad emblemática de la historia del arte moderno en la que han vivido artistas de renombre como Picasso, Man Ray, Dalí, Gertrude Stein o Hemingway en el siglo XX, era ya en la segunda mitad del siglo XIX un lugar que reunía a los grandes creadores de la época. Si nos paseáramos por las calles de esos bajos fondos parisinos que describe Daudet, podríamos cruzarnos con artistas como Edgar Degas, Camille Pisarro, Toulouse Lautrec o incluso Van Gogh (que en 1886 se mudó a Montmartre) y a escritores como Victor Hugo, Baudelaire o George Sand. También a pintores como Paul Cézanne, Paul Gauguin, Renoir, Édouard Manet y Claude Monet; todos ellos atraídos por un ambiente que era idóneo para producir sus obras.

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Le moulin de la galette, Pierre-Aguste Renoir

En ese sentido, Alphonse Daudet es un pionero en mostrar ese mundo bohemio, no tan desgarrador como el que describe Émile Zola, en el que París se nos muestra como una ciudad festiva, moderna, intelectual. En ella encontramos a todo ese cúmulo de artistas destinados a tener un gran papel en la historia del arte.

En la tierra del dolor: Daudet y la enfermedad

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En 1884, año en que escribe Safo, la salud de Alphonse Daudet decae y comienza a escribir notas sobre la sífilis, enfermedad que contrajo al llegar a París a los 17 años, con una lectrice de la cour, una “dama de la flor y nata”. Pasaría así a engrosar la lista de los escritores sifilíticos: Baudelaire, Flaubert, Maupassant o Jules Gouncourt también padecerían la enfermedad. Declarado incurable en 1885, y cada vez más debilitado, escribiría estas notas hasta poco antes de su muerte en 1897.

La Doulou es un conjunto de cincuenta páginas en las que relata los síntomas y sufrimientos de su enfermedad, miedos y reflexiones. Publicado en 1930 y recuperado en 2002 por Julian Barnes en edición inglesa, son esbozos sobre la novela del dolor que planeó y nunca escribió. Traducida en España por la editorial Alba (En la tierra del dolor, 2003), la edición de Barnes se antoja imprescindible para poder descifrar una obra muy deslavazada, con una serie de comentarios al pie que conforman casi una conversación con Daudet acercándonos a su época.

En La doulou destaca la admirable lucha del autor por mantenerse sereno y pleno en sus facultades mentales. Prueba de su integridad es su tono de cronista, en el que el dolor no traspasa la letra. Sin imponer su sufrimiento, como no lo imponía a nadie procurando guardarlo para sí, no hacerlo molesto (“Dolor, siempre nuevo para el que lo padece y que va pareciendo trivial a quienes lo rodean. Todos se acostumbrarán a él, menos yo”); transformando su tormento en bondad, no siendo más que “un vendedor de felicidad”. Daudet se muestra desesperanzado pero no desesperado, no escribe desde la rabia o la ira sino asumiendo el dolor físico, reflexionando sobre cómo afecta a su escritura y buscando preservar la pureza del pensamiento: “¿de qué sirven las palabras para todo aquello que se siente a fondo en el dolor? Aparecen cuando todo ha acabado ya, se ha calmado ya. Nombran recuerdos estériles o mendaces”.

La Doulou arroja también algo de luz a Safo. A pesar de no haberse manifestado síntomas graves en él hasta los años ochenta, la enfermedad había provocado en Daudet la vergüenza (al menos en apariencia) por haber alternado en ambientes de artistas; de ahí surgiría la dedicatoria moralista a sus hijos: “Para mis hijos cuando cumplan veinte años”, escrita como consejo para sus relaciones futuras.

Como complemento a estas notas, Barnes recupera también para su edición los escritos precedentes de Daudet en Néris y Lamalou, los balnearios a los que acudía para sanarse, en los que cuenta sus relaciones con enfermos: “Al acabar la temporada, cuando cierran los baños, todo este aglomerado de dolor se disgrega, se dispersa. Todos y cada uno de estos enfermos vuelven a ser personas aisladas (…) Sólo en Lamalou los comprenden, se interesan por su enfermedad”. La tierra del dolor era también un lugar en el que, rodeado de gente, recuperaba paradójicamente su apego a la vida, lo que le hacía volver a las palabras del viejo escultor Caoudal (inspirado en el fotógrafo Nadar) cuando al perder a Safo exclamaba: “¡Y pensar que echaré de menos todo esto!”

Nos queda una obra apenas apuntada pero que conecta con la literatura de hoy, con los múltiples trabajos que, por el camino de la autoficción, han dado testimonio de las enfermedades del presente (SIDA, cáncer). En un siglo mucho más pudoroso con la escritura autobiográfica y en el que los escasos medios médicos, la poca claridad para los tratamientos, y los experimentos con diversas sustancias y drogas convertían estas enfermedades en algo inhumano (“no hay nada vivo en mí ya sino el padecer”; “hay que morirse tantas veces antes de morir: es esta ampliación de la condena lo terrible”), Daudet escribió sin máscaras ofreciendo un testimonio único.

La invención de la femme fatale

Hoy en día no habría que explicarle a nadie qué significa ser una femme fatale, es ya una figura asentada en la imaginería popular, nieta de Hollywood y, principalmente, hija de los hombres.

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La mujer del cuadro, Fritz Lang (1944) © sensacine.com

Y aunque a priori pudiésemos pensar ¿realmente tiene algo que ver?, esta procedencia masculina es la germinación del concepto. Porque quizás la femme fatale sea un dibujo del patriarcado, de las mentes ancladas en el modelo férreo de la homogeneidad, creada para asustar a los hombres, para decirles: ¡cuidado!, esas mujeres son tan fuertes como tú, tienen el mismo poder de decisión y el mismo derecho al engaño y al egoísmo, no son sumisas. Quizás la femme fatale sea como el coco que asusta todavía hoy a los niños, y no se hayan hecho nanas sobre ella pero sí películas y novelas y cuentos. Quizás Safo sea una de ellas y tú aún no la conozcas.

No se puede negar que la cabeza visible del arte a lo largo de los siglos fue siempre masculina, en el naturalismo español —época en la que se inscribe Safo (1884)— solo se suele señalar a la insigne Emilia Pardo Bazán y apenas nuestra memoria colectiva recuerda a otras mujeres, pero en la ficción escrita por hombres es muy usual encontrarnos caracteres femeninos, incluso como protagonistas. Esto puede que ya nos llame un poco más la atención: los personajes de ficción femeninos nacen de una pluma que no es de su mismo género.

El concepto de mujer fatal aparece, según los estudios, en la década de 1860 (tan sólo 24 años más tarde aparece nuestra Safo), coincidiendo con el auge de los movimientos feministas europeos.

2Perdición, Billy Wilder (1944) © cinemaadhoc.info

El empoderamiento de esas madres, esposas y hermanas puritanas comenzó a causar pavor entre los hombres. ¿Una mujer con derechos?: una mujer opresora. ¿Una mujer libre de decidir su sexualidad, su promiscuidad ante hombres y mujeres?: una mujer salvaje, sucia, vulgar.

En definitiva, una mujer de la que huir, a la que apartar. Así, está plasmada al principio de nuestra novela, una dedicatoria en forma de advertencia que les hace Daudet a los hombres, en concreto a sus hijos: «Para mis hijos cuando cumplan veinte años».

En esta misma época finisecular aparecen mujeres que luchan contra su opresión, que consiguen salir de su burbuja: Emma Bovary (1857), Nora Helmer (1879) o Anna Karenina (1877). Todas ellas mujeres libres, fuertes, emancipadas dentro de los márgenes  de su época; mujeres a las que había que tildar de algún modo, para que, pese a sus intentos de independencia y empoderamiento, tuviesen una advertencia explícita para los hombres en forma de apellido: fatale. Así, con esta creación bajo el brazo, todos podían distinguir a las buenas mujeres de las perversas, a las mujeres rectas de aquellas que marcaban el camino a la perdición de cualquier hombre.

Una de estas “malas mujeres” es nuestra Safo, una poeta griega encarnada en mujer francesa, quizás también amante de otras mujeres; un personaje clásico, para el que aún no existía un concepto como el que tratamos ahora, reflejado en una parisina de final de siglo que, sabedora de la realidad que le ha tocado vivir, no hace otra cosa que dignificar a esa mujer fatal que ni es tan bruja ni tiene tan malas intenciones ni es una arpía sin corazón, sino una mujer a la altura de un hombre.

3Gilda, Charles Vidor (1946) © nosologeeks.com

Safo de Daudet y Safo de Mitilene

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En la novela de Alphonse Daudet que publicaremos en junio, Safo, la protagonista, deambula entre los artistas parisinos de fines del siglo XIX. Su nombre real es Fanny Legrand, pero es conocida en el ambiente bohemio como la Safo, precisamente porque el escultor Caoudal usó su figura para realizar una versión en mármol y bronce de la Safo de Mitilene (o Safo de Lesbos), una poeta de la antigüedad griega: “Sobre la chimenea había un mármol de medio tamaño, reproducción de la Safo de Caoudal cuya fundición en bronce estaba por doquier y que Gaussin, desde muy pequeño, había visto en el despacho de su padre. Y, a la luz de la única vela colocada cerca del pedestal, se dio cuenta de la semejanza afinada y como rejuvenecida entre su amada y la obra de arte” (pág.23).

Aunque de los escritos de la Safo de Mitilene no se sabe mucho, ya que al parecer sólo se conoce uno integralmente (Oda a Afrodita), ella fue una poeta muy célebre en la antigüedad, conocida incluso como “la poetisa”, cuando “el poeta” era Homero. El tema recurrente en sus escritos era la pasión amorosa, tema que no dejó de ser controversial al referirse, sobre todo, al amor entre mujeres. De ahí que el término “lesbiana” haya tomado la connotación de “homosexual” (a partir del siglo X d.C, más o menos), porque en un principio, Safo era conocida como “la lesbiana”, en referencia a su renombre en la isla de Lesbos.

En las representaciones que se conocen de la Safo de Lesbos, ella siempre se personifica con una lira en sus manos. Y es que en la antigüedad los poetas eran también músicos de la lira y todas sus variantes. Por esto, tampoco es casualidad que Daudet, en su novela, haga que el poeta La Gournerie se refiera Safo con las expresión “¡Toda la lira!” (págs 43 y 60). Esta expresión puede interpretarse de muchas maneras, pero dejaremos que los lectores las descubran por sí mismos.

Una ventana al pasado: ilustraciones y grabados de Safo

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La segunda mitad del siglo XIX fue una época de apogeo para la ilustración en Francia debido a la cantidad de ilustradores que se vieron seducidos por la cultura francesa y en especial por la ciudad de París. Es precisamente esta época la que vio surgir los trabajos de uno de los mejores ilustradores de todos los tiempos: Gustave Doré, que ilustró novelas de Victor Hugo, cuentos de Poe o la obra por excelencia de Cervantes, Don Quijote de la Mancha.

La novela Safo de Alphonse Daudet consiguió también atraer en sus múltiples ediciones a una gran variedad de ilustradores y artistas que se interesaron por ella.

Hemos realizado una pequeña guía visual de sus ilustraciones:

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Luigi Rossi (1853-1923) fue el ilustrador de Safo en la edición inglesa de J.M. Dent and Co. de 1896. Este dibujante italiano destaca por sus acuarelas y la original composición de sus imágenes con el texto. En esa misma edición se encuentran ilustraciones de Felicien Myrbach (1853-1940), uno de los ilustradores austríacos más prolíficos de la época que ilustró en su estancia en París obras de Daudet, Victor Hugo y Jules Verne.

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Stanislaw Rejchan (1853-1919) fue un pintor, ilustrador y pedagogo polaco cuyas ilustraciones aparecen en la edición de 1905 de la Société des Beaux-Arts.

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Pero sin duda uno de los mejores ilustradores de Safo fue Louis Montégut (1855-1884), grabador nacido en la misma ciudad que Daudet, Nîmes, y con el que traba una gran amistad (llegó a realizar un retrato de Daudet con su mujer, Julie Allard). La serie de grabados que realiza son de una gran calidad técnica y muestran varias de las escenas más emblemáticas de la novela.

Las ilustraciones de Safo no solo nos permiten disfrutar del talento y la creatividad de los dibujantes citados sino que también conforman una ventana al pasado de la historia de la ilustración y los actores implicados en ella.

Si queréis ver más ilustraciones os dejamos nuestro canal de Pinterest: https://es.pinterest.com/safo_libros/ilustraciones-y-grabados-de-safo/