Te han safado, y lo sabes

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Del lat. safare.

  • tr. Dícese del acto de fastidiar, molestar, engañar o trolear a algo o alguien.

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Es inevitable darse cuenta al leer Safo, que hay varias ocasiones en las que Jean  es fastidiado, molestado, engañado o troleado por Safo ya que ella, como vimos en la entrada de la femme fatale (poner aquí link a la entrada), es una mujer de armas tomar.

Pero Jean no es el único safado, a todos nosotros nos ha pasado en más de una ocasión. ¿Quieres descubrir si te han safado alguna vez? Os dejamos aquí unos ejemplos:

1.Te han safado si…

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Te toca cargar con todas las bolsas de la compra o cualquier otra cosa pesada mientras tu acompañante se relaja.

2.Te han safado si…

Te hacen subir escaleras y más escaleras como si fueras Rocky de entrenamiento. Y si te toca subirlas cargado como los camellos de los Reyes magos te han safado doblemente.

3.Te han safado si…

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Tu pareja te deja con una nota, una llamada o un whatsapp.

4.Te han safado si…

Eres el único que no te has enterado de que tu pareja ha tenido más experiencias amorosas que Julio Iglesias.

5.Te han safado si…

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Se te cuelan las señoras en la cola del súper descaradamente.

6.Te han safado si…

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Te cae en el examen justo en único tema que no te habías estudiado.

 

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El traductor: López Bago

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Ricardo Lopez Cabrera (Spain, 1866–1950)

A pesar de lo arduo de su tarea, el papel del traductor suele pasar desapercibido para la gran mayoría de los lectores. Es raro que una persona empiece un libro nuevo sin pararse a mirar antes el nombre del autor, aunque no sucede lo mismo con el traductor, cuya identidad muchas veces queda olvidada. En el caso de Safo no sucede lo mismo.

Eduardo López Bago fue un escritor de la segunda mitad del siglo XIX, reconocido como destacado representante del movimiento denominado “Naturalismo social” con obras como El Cura, La querida, El separatista o Carne Importada trató temas de gran importancia en la sociedad, abordándolos desde una perspectiva que pretendía ser objetiva, basada en postulados médicos y científicos de la época; el anticlericalismo, la moral sexual, la explotación laboral, o la degradación de la mujer, fueron algunas de las cuestiones más explotadas por López Bago.

Independientemente de su producción autoral, este prolífico autor supo ingeniárselas para que su labor como traductor no pasase desapercibida entre sus contemporáneos: Tras haber publicado su traducción al castellano de Safo, López Bago dio a conocer una carta en la que el mismísimo Alphose Daudet le agradecía su exquisito trabajo como traductor y, de paso, exhortaba a los lectores a adentrarse en las obras de López Bago, deshaciéndose en halagos hacia las mismas. Probablemente lo más curioso de la situación, radica en que Daudet ni había cedido los derechos de traducción, ni estaba al tanto de que López Bago había publicado su novela en español porque sí, porque él solito decidió que él era el indicado para traducir Safo.

Para los curiosos, podréis encontrar la famosa carta en los apéndices de nuestra edición de Safo, que estará disponible en librerías en mayo de este año.

Jerga criolla

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“Es sintáctica la traducción cuando tiene la pretensión ingenua de que hay una correspondencia biunívoca entre los términos de una lengua y los de la otra”

Mauricio Beuchot

Sin duda una de las complicaciones a la hora de editar un libro es la traducción; sin embargo, la corrección de estilo no es para menos, si bien para la autora de esta publicación, el proceso de corrección de estilo no se centra en pautas sobre la manera correcta de escribir, sino en dar indicaciones para preparar el texto y buscar su perfeccionamiento, pero sobre todo, es velar por presentar al lector una obra con orden, limpieza y uniformidad, donde los rasgos estilísticos y formales del autor no se pierdan. No obstante, estos procesos, en algunos casos, no llegan a convergir al unísono, pues tanto la traducción como la corrección son procesos donde predomina la subjetividad del lector o traductor; justamente este fue uno de los tantos problemas que nos encontramos en el momento de intervenir una de las novedades de la editorial.

Buscamos llegar no solo a un público peninsular sino hispanohablante, pero lo que suele olvidarse es la riqueza lingüística de todos los países que comparten esta lengua –riqueza que viene de esa unificación entre los pueblos autóctonos de América y los tantos africanos que llegaron por esos lares–, tanto así, que se llega al terrible error de creer que solo aquellas palabras consignadas en el diccionario de la Real Academia Española son las validas, olvidando que cada país hispanoparlante de América tiene palabras tan exclusivas y exquisitas que logran ser muestra de creatividad y también de la riqueza del lenguaje, y que, sin duda, estas variaciones hacen que el lenguaje carezca de pobreza. Omitimos que la lengua es un conjunto de fonemas y vocablos que utilizamos para comunicarnos, que a veces las palabras cobran significado dependiendo de las circunstancias, el tono y el contexto que la rodea, pero más que eso, que el lenguaje siempre tendrá maneras informales, conjuntos de expresiones propias de ciertos grupos sociales, es decir, jergas o maneras propias de hablar que hacen que las personas se reconozcan, que generan identidad. Es entonces paradójico que las editoriales quieran llegar más allá del Océano Atlántico, que vean en los países de Latinoamérica un mercado que poco a poco se consolidad y que será de gran ayuda –sí, incluso más de lo que está siendo y ha sido en muchos aspectos– para la industria editorial, pero que aún así se rechace la variedad y la riqueza de una lengua basándose en consignas que, en la mayoría de los casos, solo beneficia a una porción muy pequeña de los hablantes. Considero entonces que antes de embarcarse en procesos editoriales es necesario tener claro el lector al que se llegará, no importa si lo único que se desea es vender, simplemente es necesario respetar y dejarse de imposiciones, es saber interpretar al público al que nos dirigimos; por supuesto, la subjetividad predominará, pero no debe dejarse que gane y sobre todo es indispensable tener confianza en que se podrá rescatar esa intención del autor sin necesidad de traicionarlo a él  y mucho menos traicionar a al lector, quien lo único que espera es adentrarse en un mar de tinta que sea por lo menos navegable.

María Fernanda Poveda Cardonam

 

Julia Allard

La que fuera la esposa de Alphonse Daudet, Julia Daudet o Julia Allard (1844-1940) fue una autora prolífica, conocida hoy por su contribución a la obra de aquel y por por acoger veladas artísticas. Desde Libros de la Ballena rendimos por segunda vez homenaje (humilde, como no puede ser de otro modo en el contexto de nuestra publicación), a la contribución silenciosa de la mujer que animó los círculos artísticos parisinos, tanto con su propia valía como escritora y periodista, como con su labor de anfitriona y colaboradora.

Renovamos nuestro empeño en conservar su nombre de soltera, decisión más bien espontánea (quizá un amuleto, algún tipo de invocación) que poco coincide con su registro bibliográfico. Como otras muchas escritoras del XIX, Mme Julia puso su nombre al servicio de la ley o las circunstancias: firmó sus poemas de juventud con el nombre de su abuela, Marguerite Tournay, las columnas de Le Musée Universel y L’Evenement, como Madeleine y Rose-Lise; se amparó en el seudónimo masculino Karl Steen en sus artículos para Le Journal Officiel, y el buen número de obras publicadas tras su matrimonio caen bajo alguna de las variantes de su nombre de casada: Madame Alphonse Daudet, Mme Daudet o Julia-Rosalie-Céleste Daudet.

Algunas de estas obras pueden consultarse en francés online: L’enfance d’une Parisienne (1883), Miroirs et mirages (1905),  Lumières et reflets (1920).

Mientras los poemas, artículos y novelas de Julia Allard esperan una traducción que acerque al público hispanohablante su mérito, su contribución parece diluirse en la obra de su esposo. Julia Allard nació en el seno de una familia burguesa y, tras saldar las deudas de Alphonse Daudet previas al matrimonio, puso a disposición de él toda su fortuna y talento, lo que permitió la completa dedicación de Alphonse a su carrera literaria en unas condiciones inmejorables de confrontación, colaboración y desarrollo.

Zola se inspiró en esta declarada colaboración literaria para su novela Madame Sourdis (San Petesburgo, 1880) que no vio la luz en Francia hasta después de muerto Alphonse. Hoy, sin escándalo, Julia Allard aparece reconocida por su esposo, sus hijos, sus compañeros y la Biblioteca Nacional Francesa (dígase, reconocida oficialmente) como colaboradora esencial en la obra literaria de Daudet.

Gracias a las impresiones de su marido y de compañeros como Zola o Renoir, el retrato de Julia Allard permanece allí donde la labor de tantas ha perecido en el anonimato. Si no por su obra, apenas conocida hoy, sí llegamos a ella como musa, anfitriona y esposa. Y al fin y al cabo su particular visión de París nace de este posicionamiento.

No puedo sino imaginar a Julia Daudet con una de esas máscaras mortuorias en su salón, siendo testigo de los muchos debates y escritores que por allí pasaron. Y luego, una tarde, Daudet se sienta después de una fiesta y escribe su propia versión de la historia.

La escena que narra Michelle Bailat-Jones, traductora de Julia Allard al inglés, enlaza con la situación de otras escritoras de la época que escribieron a partir de la observación, en el salón común, sujetas a interrupciones y la llamada de otras prioridades, como para Mme Julia fue la obra de su esposo. Al respecto, en la revista Spolia compilaron un número bajo la temática «Esposas» («Wifes», 2013) tratando de hacer honor a todas las mujeres talentosas recordadas a la sombra de la obra de sus maridos. En este número se traducía por primera vez al inglés un retazo de la obra de Julia Daudet, el relato «L’Inconnue de la Seine» (1905).

Dos años después de que Alphonse escribiera Safo, dedicada a sus dos hijos, nacía en 1886 la única hija de Julia y Alphonse Daudet, Edmée. También ella, casada primero con André Germain y después con Robert Chauvelot sería recordada a la sombra de sus nombres y sus logros artísticos. Nos gustaría saber qué advertencia le habría dedicado a ella nuestro autor, qué novela de formación habría engendrado para su adolescencia. No pudo, sin embargo, escribir nada parecido; Edmée Daudet contaba 11 años cuando Alphonse Daudet murió de sífilis.

 

 

XIX vs. XXI

En otros post hemos hecho referencia a una época anterior tratando de refrescar la memoria sobre cómo era Francia, sus artistas y su literatura en los años en los que fue descrita por Alphonse Daudet. Hoy queremos dar un paso hacia el futuro y ya que hemos ajustado el léxico de la novela queremos contraponer y enfrentar diversas situaciones vividas en la novela a su versión siglo XXI.

1.

ca6fd049e69d4944e0eb664d1a421449                                                                                                                                                                            Menos cháchara y más reggeaton. Safo y Jean se conocieron en una fiesta de disfraces pero ¿y si se hubieran conocido en el año 2016? Definitivamente esa fiesta hubiera sido en una discoteca perreando.

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En la novela es Jean quien, haciéndose el hombretón, sube por las escaleras a Fanny antes de una noche de pasión. Hoy en día no podemos ilustrar el momento de llegar a casa con el ligue de una noche: todos sabemos que la fiesta empieza en el ascensor.

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Las mujeres siempre tenemos estilo, aunque llueva a cantaros, pero hoy en día con las katiuskas nos sentimos tan poderosas que en vez de llevar paraguas nos cobijamos debajo de lo que nos pille más cerca.
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¿Nadie echa de menos las lecturas de cartas en pareja? ¿De verdad? Antes se enseñaban esas cosas pero ahora cuando pides a alguien que te deje ver con quien habla por Whatsapp te mira con una cara de “¡Eh! Cuidado, esto es secreto internacional”. ¡Ni que trabajaran para la Interpol!

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Safo, como se aprecia en el grabado, tenía un estilo natural y elegante para dormir. Lamentablemente hoy en día la mayoría de mortales no lo conservamos porque dormimos en modo “un minutito más por favor”. De hecho jamás tendríamos al lado un Jean observándonos con amor, deleite y admiración sino una madre metiéndonos prisa.

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Creemos que hoy todos sabemos posar mejor que antes, no hay más que ver la comparación de imágenes. Si es que Instagram nos convierte en modelos a diario…

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El proceso de edición

Un autor está en su casa escribiendo con su máquina Olivetti de segunda mano un novelón que quiere salir de su cabeza, otro apuntando palabras en las notas del móvil con las que hacer poemas de anagramas para el próximo fanzine que hace con sus colegas, otro tomando notas en una cafetería al estilo Bandini y otros tantos trabajando y a la vez pensando en versos o en formas de decirlos.

1024px-Nighthawks_by_Edward_Hopper_1942 (1)© en.wikipedia.org

El mundo cambia pero las historias de ficción que lo forman no, la tecnología ha llegado de manera imparable y seguramente no vaya a irse pero estos textos no tienen tanta vida propia como para publicarse solos y aunque no lo parezca cuando un libro sale al público por primera vez, no está intacto, ha pasado por muchas manos y muchas miradas.

Desde que un texto existe hasta que alguien lo descubre puede pasar mucho tiempo: Safo fue publicada en 1884 y ese mismo año ya salió en España. Este no es el caso de una obra conocida tras muchos años de desprestigio pero sí es una obra que hace mucho que no ha sido publicada y que nunca lo ha sido con un enfoque del siglo XXI, con una visión distinta.

Por entonces, Daudet —un autor prestigioso de la época— escribió Safo y, en España, el escritor naturalista López Bago decidió que su pluma era la que debía traducirlo y ni corto ni perezoso publicó su traducción sin hacer caso a los derechos de autor que debía darle a Daudet, a quien no había pedido permiso para tomar su obra.

Nosotros partimos de la traducción de López Bago, una traducción nada precisa ni acertada, con fallos graves como la supresión de partes del texto original o el grado de invención con el que el traductor se traslada del francés al español, no es fiel respecto al texto original, pero tiene un rastro decimonónico que le aporta verosimilitud a la obra.

Por lo tanto, hemos necesitado actualizar la traducción de una manera transversal, palabra por palabra hemos hecho una retraducción de Safo partiendo de la de López Bago, leyendo también de la francesa y ayudados por traductores especializados.

Este trabajo sobre el propio texto lo hemos reflejado en Nuestra edición: un texto que explica los cambios léxicos que hemos hecho, el intento de corregir españolismos y otras muchas cuestiones de la novela que hemos intentado mejorar.

El resultado es una obra completamente nueva cuyo léxico y sintaxis se adaptan mucho mejor a los lectores del siglo XXI, conectan más con ella y se acercan al significado de la obra desde hoy.

Tuvimos que redactar el texto de la contraportada y la biografía de Alphonse Daudet, además buscamos notas de prensa de la obra desde su publicación original como apoyo a la obra y al autor.

Uno de los briefing informativos del libro sirvió para que el diseñador gráfico se hiciese una idea de la obra y eligiese una serie de propuestas para la cubierta. Nosotros debatimos cuál nos parecía más adecuada y elegimos añadirle a la imagen que nos gustaba unas letras manuscritas en forma de carta que son muy significativas en la novela por el romance que viven los protagonistas.

Buscamos también grabados de finales del siglo XIX por si podíamos introducirlos en la novela para darle mayor visualidad y un aire más de época, aunque finalmente no pudimos añadirlos por la falta de calidad de las imágenes que encontramos.

61dcff05dedf736e1b606331e2ecdd13© Louis Montégut

Con la corrección de estilo ya hecha —no sin antes pensar que no llegábamos a la fecha y que nos tendríamos que retrasar para sacar el libro—, pudimos volcar el texto a maqueta y corregirla: controlando viudas y huérfanas o ajustando las páginas a pliegos (de ocho o dieciséis hojas).

Encargamos un prólogo para la obra a la escritora Pilar Adón que nos redactó un texto, “Las razones del desamor”, que propone una revisión de la obra.

Añadimos además, la historia de la traducción “robada” de López Bago a Daudet y la carta que el español escribió haciéndose pasar por el autor francés y agradeciéndole a López Bago la traducción al español.

En definitiva, completamos la obra con la historia de su publicación original y un prólogo que cambia el enfoque que Daudet tenía —sin que el lector pierda de vista las intenciones originales del autor—, y añade una nueva visión de la obra que transmite lo que pensamos los editores sobre ella.

La adaptamos a una nueva era en la que sigue teniendo la misma cabida que en 1884, la obra solo necesitaba una actualización formal para ser comprendida en todas sus vertientes, con todos sus matices este nuevo año 2016, el año de Safo.

 

 

Safo en el cine

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Es fácil pensar que un personaje tan atemporal como Safo haya sido objeto de numerosas representaciones artísticas posteriores a la obra de Daudet. Además de óperas y obras de teatro, en el cine, al que dedicamos este post, el Safo de Daudet ha sido llevado en varias ocasiones a la pantalla, de entre las cuales la más destacada es Inspiration (Clarence Brown, 1931), que contó con una pareja de estrellas de la época como protagonistas: Greta Garbo y Montgomery Clift.

Más que una actualización holliwoodense, la película es una recreación del París de Daudet muy ajustada a los hechos y a los diálogos del texto original. Ivonne Valbret, la Safo que aquí encontramos, es presentada como una de las grandes damas de la bohemia parisina (“tan conocida como la Torre Eiffel y mucho más bonita”), a una altura más selecta que en Daudet (“La mitad de los hombres de París están locos por ella, y la otra mitad se esfuerza por olvidarla”), donde es tratada prácticamente como una cualquiera.

Inspiration ofrece una versión mucho más ligera y descafeinada de la historia: la afectación del ambiente de artistas, el choque de caracteres entre los protagonistas y el moralismo de la época se muestran en una visión tan exagerada que ahora solo podemos entender como parodia, contrastes que encontramos en el libro pero no de manera tan chirriante. Nos situamos todavía en un momento en el que el cine se encontraba en un estado incipiente, que apenas se había desprendido de la teatralización característica del cine mudo y de la supeditación a la literatura en los textos adaptados. Así, la película se sostiene casi exclusivamente con los juegos de miradas y gestos de los actores (no hay protagonismo real en los secundarios) y la fuerza del guion.

En Argentina, se realizó Safo, historia de una pasión (1943, Carlos Hugo Christensen), considerado el melodrama que inauguró el cine erótico en Argentina, y en México Amor y sexo (Safo ’63) (1964, Luis Alcoriza), la versión más moderna, que trasladaba la historia de Daudet a la alta sociedad mexicana. De Francia tenemos Sapho (Leonce Perret, 1934) y Sapho ou la fureur d’aimer (Georges Farrel, 1971).

Al margen de estas películas ceñidas al texto de Daudet, el arquetipo de mujer madura que seduce al joven inexperto lo encontramos en multitud de ejemplos a lo largo de la historia del cine. El graduado (Mike Nichols, 1967), Deep End (Jerzy Skolimowski, 1970), Max y los chatarreros (Claude Sautet, 1972), o No amarás (Kieslowski, 1988) son algunos de ellos. Precisamente, este mes de abril la filmoteca española ofrece un ciclo de femmes fatales en el cine clásico: Allí, podremos ver entre otras a Marlene Dietrich, Joan Bennett, Ava Gardner, Linda Darnell, Rita Hayworth, Jean Seberg o Brigitte Bardot.