La invención de la femme fatale

Hoy en día no habría que explicarle a nadie qué significa ser una femme fatale, es ya una figura asentada en la imaginería popular, nieta de Hollywood y, principalmente, hija de los hombres.

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La mujer del cuadro, Fritz Lang (1944) © sensacine.com

Y aunque a priori pudiésemos pensar ¿realmente tiene algo que ver?, esta procedencia masculina es la germinación del concepto. Porque quizás la femme fatale sea un dibujo del patriarcado, de las mentes ancladas en el modelo férreo de la homogeneidad, creada para asustar a los hombres, para decirles: ¡cuidado!, esas mujeres son tan fuertes como tú, tienen el mismo poder de decisión y el mismo derecho al engaño y al egoísmo, no son sumisas. Quizás la femme fatale sea como el coco que asusta todavía hoy a los niños, y no se hayan hecho nanas sobre ella pero sí películas y novelas y cuentos. Quizás Safo sea una de ellas y tú aún no la conozcas.

No se puede negar que la cabeza visible del arte a lo largo de los siglos fue siempre masculina, en el naturalismo español —época en la que se inscribe Safo (1884)— solo se suele señalar a la insigne Emilia Pardo Bazán y apenas nuestra memoria colectiva recuerda a otras mujeres, pero en la ficción escrita por hombres es muy usual encontrarnos caracteres femeninos, incluso como protagonistas. Esto puede que ya nos llame un poco más la atención: los personajes de ficción femeninos nacen de una pluma que no es de su mismo género.

El concepto de mujer fatal aparece, según los estudios, en la década de 1860 (tan sólo 24 años más tarde aparece nuestra Safo), coincidiendo con el auge de los movimientos feministas europeos.

2Perdición, Billy Wilder (1944) © cinemaadhoc.info

El empoderamiento de esas madres, esposas y hermanas puritanas comenzó a causar pavor entre los hombres. ¿Una mujer con derechos?: una mujer opresora. ¿Una mujer libre de decidir su sexualidad, su promiscuidad ante hombres y mujeres?: una mujer salvaje, sucia, vulgar.

En definitiva, una mujer de la que huir, a la que apartar. Así, está plasmada al principio de nuestra novela, una dedicatoria en forma de advertencia que les hace Daudet a los hombres, en concreto a sus hijos: «Para mis hijos cuando cumplan veinte años».

En esta misma época finisecular aparecen mujeres que luchan contra su opresión, que consiguen salir de su burbuja: Emma Bovary (1857), Nora Helmer (1879) o Anna Karenina (1877). Todas ellas mujeres libres, fuertes, emancipadas dentro de los márgenes  de su época; mujeres a las que había que tildar de algún modo, para que, pese a sus intentos de independencia y empoderamiento, tuviesen una advertencia explícita para los hombres en forma de apellido: fatale. Así, con esta creación bajo el brazo, todos podían distinguir a las buenas mujeres de las perversas, a las mujeres rectas de aquellas que marcaban el camino a la perdición de cualquier hombre.

Una de estas “malas mujeres” es nuestra Safo, una poeta griega encarnada en mujer francesa, quizás también amante de otras mujeres; un personaje clásico, para el que aún no existía un concepto como el que tratamos ahora, reflejado en una parisina de final de siglo que, sabedora de la realidad que le ha tocado vivir, no hace otra cosa que dignificar a esa mujer fatal que ni es tan bruja ni tiene tan malas intenciones ni es una arpía sin corazón, sino una mujer a la altura de un hombre.

3Gilda, Charles Vidor (1946) © nosologeeks.com

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Autor: safotodalalira

Safo es una novela del naturalista francés Alphonse Daudet publicada por primera vez en 1884. Desde Libros de la Ballena hemos querido recuperar y dar a conocer la obra de este clásico de la literatura francesa.

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